29/06/2020

Por Carlos Bodanza. VOLVER

Rústicos, la viralización de un éxito

Seguramente en la previa siempre se generan dudas. La incertidumbre del momento, la ausencia de compradores en la tribuna, la falta de revisación "in situ" de la hacienda, una plaza que sigue siendo nueva (es el segundo remate en esta localidad), el agregado de toros de elite, el funcionamiento de la televisación, la venta vía Zoom, las ordenes telefónicas y por qué no, el momento económico. Todo eso, se evaporó en cinco minutos, fue todo lo que hizo falta para que una vez abierto el primer lote de toros, tras algunas pujas, con un precio que subió rápidamente, la bajada del martillo ocasionó la primera de las sorpresas: se llevaron los dos.

Ese primer ejemplo es un poco la muestra de un remate que comenzó con sus tiempos, venían ofertas desde los pocos compradores presentes en las tribunas, Roberto Mondino al martillo tomaba vía plataforma y los teléfonos sonaban, pero fue solo ese primer lote, fue como "acomodarse" a lo que vendría, para imprimirle casi la agilidad de siempre y que los toros se fueran poco menos que volando. Toros importantes, algunos pre-inscriptos a Palermo, varios tal vez posibles ganadores de una exposición de Otoño de Angus que no ocurrió, pero lo cierto es que si por pista pasaban 15 más, los resultados no hubieran variado.

Los vientres no tuvieron compasión con quien tal vez soñó con alguna cifra que por aquí no hubo: con un primer lote caliente, lo ocurrido ante las primeras coloradas (preñadas por IA, a parir en un par de meses) pujaron hasta la "friolera" de 102 mil pesos. Y cómo si fuera poco, las de segunda parición, metieron 93 mil. De ahí en más, las pujas, las obligaciones y los 1000 vientres, pasaron en todas sus variables, con buenos valores en las Mas, las base, las generales, las paridas y las terneras, todo paso con un mercado que se mostró caliente de comienzo a fin. Y si el futuro es hoy, el final mostró el mejor presente: Roberto dejó el martillo para que el cierre de las terneras estuviera a cargo del martillo del joven Julián Bicondoa y la fiesta fuera redonda, con 37 mil pesos para unas terneras de 210 Kg.

Atrás quedarán los permisos para ingresar a una ciudad "sitiada", con todos los controles necesarios, los barbijos, las listas, el alcohol, las marcas para la distancia prudencial, el almuerzo a la pasada, la ausencia del clásico glamour, las charlas, los abrazos, los encuentros. Es cierto, todo fue diferente, pero lo único que no cambió, fue el resultado. Rústicos es cosa seria, un virus exitoso, en plena pandemia.

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